Cual ave Fénix

 
 
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Me encanta el otoño... Lo cierto es que, hasta hace pocos años, me pasaba justo lo contrario. Cada vez que llegaba el otoño me sentía triste y apagada. Visto desde ahora, me doy cuenta de que esos sentimientos eran fruto de una falta de conocimiento y de entendimiento de lo que el otoño es y representa. Como siempre, la respuesta está en la naturaleza.

Hace unos días, mientras daba una caminata a solas, me fijé en la cantidad de hojas que había en el suelo. Eran muchas, ¡muchísimas! Una imagen que confirmaba la abundancia presente en la naturaleza. Luego subí­ la mirada a los árboles y ahí­ estaban ellos, altos, esbeltos, pacientes, deshaciéndose de uno de sus tesoros: sus hojas.

Y, ¿por qué? Porque ya cumplieron su función, porque ya es el momento.

Todo en esta vida tiene su ciclo. Todo en esta vida tiene un propósito, aunque muchas veces no alcancemos a verlo desde donde nos encontramos. Una vez esos objetos, situaciones, personas, proyectos, pensamientos, creencias, etc., han cumplido su misión, hemos de dejarlos ir.

Pero reconozco que cuesta. Sí­, ¡cuesta mucho! Es decirle adiós a algo o a alguien que nos ha acompañado durante mucho tiempo; es dejar atrás esa comodidad de lo conocido, aunque a veces, eso conocido duela; es desprenderse de algunas cosas que hemos usado para darle sentido a nuestros dí­as y que, creemos, forman parte de nuestra identidad.

¿Cómo no va a ser duro? Pero es necesario.

La vida es un proceso; la vida es puro cambio y para pasar de un estado a otro, para cambiar, es necesario soltar, aligerar, hacer hueco en la mochila para todo lo nuevo que ha de llegar. Y podemos centrarnos en aquello que dejamos atrás o podemos recrearnos en todo lo bueno que puede venir. Es una cuestión de decisión.

¿Dónde pongo el foco?

Por todo ello, ahora abrazo con amor esta época del año. Ahora entiendo que tanta oscuridad sólo está creando el ambiente idóneo para, poco a poco, ir más y más adentro. Así podemos revisar lo que allí­ encontramos y ver y decidir qué dejamos ir.

Vivimos en una cultura en la que se venera poco la muerte; preferimos hacer como que no existe. Pero la muerte está ahí, forma parte de la vida; es algo natural. Y, desde luego, es una fase indispensable en el proceso de crecimiento. Necesitamos esos momentos o épocas de oscuridad, muerte e introspección, para luego salir, renacidas, dispuestas a vivir una vida nueva, cual ave Fénix.

 
 
 
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