Decir NO es un arte

 
 
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En estos días me encuentro en la tesitura de tener que decir no a una persona muy querida. Esto me está llevando a reflexionar sobre este tema y aquí comparto contigo mis divagaciones.

Decir no es incómodo. Al menos es a lo que nos han acostumbrado en general, en especial, a las mujeres. Parece que debiéramos estar siempre disponibles para hacer lo que otros nos pidan y, encima, hacerlo alegremente.

Pues no. Creo que no es así la cuestión. Mi vida es mía y, en última instancia, mi vida es mi TIEMPO. De ahí que el cómo disponga yo de mi tiempo sólo puede ser asunto mío.

Es por eso que es tan importante que tú sepas qué quieres hacer con tu tiempo, porque de lo contrario, vendrá alguien o algo que, rápidamente, lo hará por ti.

La cuestión es que en este afán de decir sí a todo, puede llegar un momento en el que estés tan saturada, que explotes con un NO cabreado, un no con una energía negativa. Y esto viene principalmente por dos razones:

  1. Porque tragas

  2. Porque dejas de darte prioridad a ti misma

Sí, normalmente las personas preferimos evitar el conflicto, por ello solemos tragarnos esas emociones que afloran cuando nos encontramos ante una situación/persona/actividad que no nos agrada.

Es como cuando estás en un restaurante y el camarero es mediocre y te atiende de mala gana. En lugar de decir “no, esta situación no me gusta; estoy en este lugar, pagando por un servicio y espero que se me atienda con amabilidad y corrección”, lo normal es que te tragues tu malestar y, enfadada, decidas no volver a ese sitio.

O como cuando vas a empezar por el punto 1 de tu lista de tareas del día y justo suena tu teléfono con alguna petición inmediata de algún familiar, compañero de trabajo o amigo/a, y en lugar de decir “no, no puedo”, sin necesidad de justificarte, sueles optar por decir sí, un sí forzado e incómodo, porque en realidad quieres decir que no. O si dices no, te sientes en la imperiosa necesidad de explicarte y justificarte para calmar tu sentimiento de culpa.

Pero es que debemos reconciliarnos con la energía del no. La energía del no es una energía suave, que aligera, quita cargas y, sobre todo, da PAZ.

Cuando te proponen una salida para el fin de semana y lo que realmente te pide tu cuerpo es estar tranquila en casa y descansar, ¿por qué no decir “no, gracias por pensar en mí, pero ya tengo otros planes”? Y decirlo tranquila, serena y libre de culpa, porque al decir no a otros, estarás dándote prioridad a ti, te estarás diciéndote SÍ a ti, pues estarás escuchando tus necesidades.

Y es que tú, como persona, tienes tus propios deseos, tus propios sueños, tus planes y tus objetivos. Y la única persona que puede hacerles espacio para que tengan cabida en este mundo, eres tú.

Así que te invito a que empieces a crearte pequeñas islas sagradas en las que puedas hacer lo que has planeado, o puedas trabajar en hacer realidad tus sueños, o hacer lo que te apetezca o, simplemente… hacer NADA, que también está muy bien de vez en cuando.

Lo importante es que PROTEJAS esas islas gracias a la energía del no, a decir no a casi todas las exigencias externas para poder decir un SÍ, grande y rotundo, a esa personita que lleva tanto tiempo esperando, paciente, dentro de ti, a esa persona que eres TÚ.

 
 
 
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